Asimismo, les inculcamos las famosas palabras mágicas, tales como por favor y gracias. Les enseñamos a que saluden cuando entran o salen de un lugar, que den “un besito” a los familiares, aunque se resistan.
Intentamos de muchas formas que nuestros hijos sean bien educados: que respeten al otro, que tengan buenos modales en la mesa, que pidan permiso, que agradezcan y un sin fin de etcéteras.
Más allá de nuestras buenas intenciones, los invito a pensar un poco, ya no en los chicos, sino en nosotros mismos. ¿Tiene relación nuestro comportamiento con lo que le decimos a nuestros hijos que hagan o dejen de hacer?, más allá de educarlos con la palabra, ¿podemos decir que los educamos con el ejemplo?
Analicemos sólo un momento nuestro comportamiento y no olvidemos que no sólo ellos aprenderán de lo que le digamos, sino de lo que nos vean hacer.
Por eso creo que vale la pena detenernos a pensar un poco en nuestros modales.
¿Cuántos de nosotros, al subir a un colectivo, saluda al colectivero y más allá de vociferar el importe del boleto emite unas gracias? Puedo asegurarles que son más que escasas las ocasiones en la que escucho,” un buen día, gracias o por favor.
Lo mismo cuando entramos a un comercio, o nos sentamos a la mesa de un restaurante: ¿usamos las famosas palabritas mágicas?
Otro tema es el ceder el asiento. Seamos hombres o mujeres ¿qué pasa con nosotros cuando sube al colectivo alguna persona mayor o embarazada o con alguna dificultad para moverse? ¿Cedemos nuestro asiento o aprovechamos para dormir una siesta que no nos hace falta?
Creo que sería muy interesante detenernos en pensar qué cosas hacemos o dejamos de hacer nosotros, los papás, los que les insistimos a nuestros hijos –con la mejor intención repito- que sean bien educados y traten con respeto al otro.
No basta sólo con hablar. La palabra es importante sí, pero tanto o más lo es el ejemplo de nuestro propio comportamiento.
Si nuestros hijos ven que subimos al colectivo y no saludamos, no pedimos el boleto con un por favor, por dar sólo un ejemplo, difícil será que lo hagan ellos el día de mañana, pues creerán que ésa es la forma correcta de hacer las cosas.
Y esta conducta se puede trasladar a muchas otras cosas: que nos vean arrojar un papel en la calle, no respetar un semáforo, ocupar el espacio destinado para personas con discapacidad en un estacionamiento y aquí también un sinfín de etcéteras.
Para poder transmitir algo y que este algo sea creíble para el otro, hay que empezar por creerlo uno mismo. De otra manera, por más que desde la palabra intentemos educar a nuestros hijos, quedará en palabras nada más y con el tiempo es probable que no se traduzca en hechos.
Por eso, por el bien de nuestros hijos y también por el nuestro, tratemos de educar con el ejemplo, que nuestros actos no borren lo que transmiten nuestras palabras.
Y ya que estamos hablando de buenos modales, gracias por leer esta columna, por favor, piensen en lo que leyeron y los saludo cordialmente hasta la próxima.

No hay comentarios:
Publicar un comentario